Te miro como
siempre, sagaz, impaciente, decidida, vestida de rojo, ese rojo que sabes que
me encanta que en pocas ocasiones te lo sabes poner.
Deseas tomarme por sorpresa dejándome seducir, hasta mi llegan esos latidos que
me deseas ocultar, mientras tu sonrisa disimulada, pretendes acallar.
Son tus rubores los que te delatan, mientras que tu mirada te inculpa, hueles a
deseo… Me saludas, y en tus manos palpitan tus ansias.
Yo solo sonrío, con esa sonrisa que te mata, que te atrapa y es entonces cuando
ya no puedes más, te abalanzas sobre mi ansiosa de caricias, anhelante de “Te
quiero”
Es mi alma la que despierta sedienta de tus besos, ansiosa de acariciarte,
mientras que mis manos transformadas en palomas, vuelan tenuemente sobre tu
cuerpo.
Logran sacarte los suspiros, al contacto de tu piel trigueña, y mi hombría se
sacude y despierta, olores a jazmines que se cuelan por la ventana.
Aroma que nos envuelve, y tu vestido rojo que va cayendo sin remedios…
Imposible de admirar tu cuerpo llevando tu ropa interior de buen gusto,
incitador.
Toda tu eres belleza pura, llevándome a la perdición de este sabor de amarte…
Sabes que todo el día te tuve en mi mente… ¿Intentaste contestar?
Pero solo salieron palabras mudas echas murmullos, jadeos de tus labios y una
febril mirada que me decía ¡Ya amor mío! Por favor que no aguanto más.
Y a punto de sentir tu cuerpo que estaba por estallar, me adentré entre tus
caderas, y al tu cuerpo lograr sentirla, se arqueó explotando en miles de
colores de tanta pasión.
Fueron miles de sonidos, entre miles de suspiros y yo seguí cabalgando uno y
mil universos hasta dejarte exhausta.
Nos sumimos al letargo suave del placer degustado, dejándome caer en el placer
de encontrarme aún conectado a ti.
Completamente extasiado, te abraso tiernamente, susurrando en tus oídos suavemente
“Te amo” Sabes me encantas siempre, pero sabes me vuelves loco…. Con usas tu
vestido Rojo.

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