sábado, 3 de julio de 2021

Ardiente deseo

Con la exacta fragilidad con la que crecen las flores, acariciadas por el suave soplo del viento, de la misma manera son tus manos con las que recorres mi cuerpo.


Son tus dedos de seda, de un ardiente deseo, los que caminan por mi piel desnuda, como si fueran de terciopelo.

Y en esa fragilidad me amas mi amada Musa, entre las sábanas blancas que huelen a tu cuerpo, aroma de todas las flores sumados a un pequeño ramo de romero.

Son tus besos como néctar de flores en un comienzo de enero, cuando hasta el frio se agita, bajo el mismísimo cielo.

 

Y nadie grita, ni siquiera se escuchan los cantos de los jilgueros, solo tu voz al decirme te quiero.

 

Y es la piel que se me eriza al sentir tu cuerpo en mi cuerpo, y el silencio me grita que eres el amor verdadero.


Miguel Angel Campora



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  𝑴𝒊 𝒓𝒆𝒄𝒖𝒆𝒓𝒅𝒐